"No he de callar, por más que con el dedo / ya tocando en tu boca o en tu frente / silencio avises o amenaces miedo. ¿Nunca ha de haber un espíritu valiente? ¿Nunca se ha de pensar lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente? Pues sepa quien lo niega o quien lo duda... que es lengua la verdad del Dios severo, y la lengua de Dios nunca fue muda." Qevedo
sábado, 19 de febrero de 2011
¿Quien apoyó la dictadura de Túnez?
Sistema
Es una lástima que Pontecorvo, en mi opinión, el mejor director de cine que ha existido en el siglo XX, no esté ahora entre nosotros y pueda hacer una película sobre Túnez, la cual podría titularse “la Batalla de Túnez” que completara su excelente “la Batalla de Argel”. Lo de Túnez es un caso paradigmático de lo que ha estado ocurriendo en los países árabes. En realidad, me recuerda mucho a lo que pasó en Irán durante el tremendamente represivo reinado del Sha, establecido con el apoyo de los gobiernos occidentales, liderados por EEUU, a fin de frenar las demandas populares lideradas, en aquel momento, por movimientos laicos de raíces democráticas y socialistas. Presentaban al Sha como el elemento estabilizador (argumento utilizado ampliamente para apoyar dictaduras impresentables). En el día de Año Nuevo de 1977, el Presidente Carter presentó al Sha de Irán como el pilar de estabilidad que el Medio Oriente necesitaba. Dos años más tarde, el 16 de Enero de 1979, el Sha tuvo que huir de Irán, nombrando a un gobierno títere que duró sólo unas semanas.
Algo semejante ha ocurrido en Túnez. El gobierno del Presidente Ben Ali había recibido el apoyo de todos los países de la OTAN y del Fondo Monetario Internacional (FMI), como el eje de estabilidad del Norte de África. Diez días después de que un joven parado de 26 años se intentara suicidar, como protesta frente a la crueldad y dureza existente, Ben Ali tuvo que huir del país, formándose un gobierno títere que duraría solo unos días. Miles y miles de ciudadanos salieron a la calle y forzaron la salida de la camarilla que rodeaba a Ben Ali en Túnez. Lo interesante es ver el cambio fulminante de los gobiernos que le habían apoyado. Ben Ali tuvo que cambiar el rumbo de su avión durante su huída ya que cuando estaba volando hacia París, el gobierno Sarkozy le comunicó que no podía aterrizar en Francia y tuvo que irse a Arabia Saudí, el régimen dictatorial que ha ido recogiendo a los dictadores más impresentables de África y Asia, tales como Idi Amin de Uganda y Pervez Musharraf de Pakistán. El Presidente Sarkozy por cierto, había señalado al gobierno Ben Ali como uno de los regímenes más adelantados del mundo árabe y en los primeros días de la rebelión popular la Ministra de Asuntos Exteriores francesa Michele Alliot-Marie indicó a la Asamblea Nacional que Francia estaba dispuesta a enviar tropas para ayudar al gobierno Ben Ali como parte del convenio de colaboración entre ambos países. Y el Ministro de Cultura del mismo gobierno Sarkozy, Frederic Mitterrand, había indicado que definir al régimen liderado por Ben Ali como una dictadura era claramente “una exageración”. Semanas más tarde, el Presidente Sarkozy le negaba el permiso de exiliarse en Francia.
Pero tres cosas merecen especial mención. Una fue la movilización de grandes sectores de la clase trabajadora exigiendo la dimisión del gobierno, habiendo sido las bases de los sindicatos (infiltrados por los partidos clandestinos de izquierda) los que se constituyeron el centro de los movimientos sociales de rechazo a aquella dictadura. Tal como ha ocurrido en la cobertura mediática de Egipto, este elemento de gran importancia apenas ha tenido visibilidad (ver mi artículo “Lo que no se conoce sobre Egipto” publicado en Público, 17/02/2011). La otra observación fue que el partido en el cual Ben Ali basaba su red de corrupción (el Partido Democrático Constitucional) era miembro de la Internacional Socialista (como lo era el partido del dictador Mubarak de Egipto) mostrando el grado de confusión y complicidad de esta Internacional. Y el otro hecho es que el Director General del FMI, el “socialista” Dominique Strauss-Kahn, candidato preferente entre los socialistas para competir con Sarkozy en las próximas elecciones (mostrando la confusión de los Socialistas franceses) había recientemente visitado a Ben Ali y alabado sus políticas de austeridad de gasto público social, mostrándolo como un ejemplo a seguir, declarándose amigo y consejero de Ben Ali.
Por último, como era previsible, el gobierno estadounidense era uno de los mayores defensores de Ben Ali, debido a su respaldo incondicional a EEUU en su política de apoyo a Israel. Fueron el gobierno estadounidense y sus aliados en la OTAN los que armaron y apoyaron a Ben Ali, tal como subrayó Fulvio Martini, antiguo director de los servicios secretos militares SISMI, en declaraciones al parlamento italiano, “en 1985-1987, la OTAN organizó el golpe militar en Túnez que destruyó a Burguiba y mostró a Ben Ali como su sustituto”. A partir de entonces el gobierno federal de EEUU fue el máximo proveedor de armas en aquel sistema dictatorial, incluyendo 282 millones de dólares en armamento durante la Administración Obama.
Todos estos aliados no pueden alegar ningún tipo de ignorancia del carácter represor de aquel régimen. Amnistía Internacional habían ido documentado la enorme violación de los derechos humanos en aquel país, y el propio Departamento de Estado, en su informe confidencial, publicado en Wikileaks, explicaba con detalle la corrupción y la represión de aquel régimen. La historia se repite.
Una última observación. Este artículo lo escribí el mismo día en que el Presidente de las Cortes Españolas, el Sr. José Bono (miembro destacado del PSOE), visitó Guinea al frente de una delegación parlamentaria española. En Guinea existe una de las dictaduras más brutales que hayan existido en África, dirigida por uno de los dictadores más sangrientos y represivos que se hayan conocido en aquel continente. Y cuál sería mi enorme sorpresa cuando el socialista Bono le saludó indicando que “entre Guinea y España tenemos más cosas que nos unen que las que nos separan”. ¿Se imaginan a Pablo Iglesias diciendo algo semejante a Hitler? Tal comportamiento ofende no sólo a cualquier socialista, sino a cualquier ciudadano con sensibilidad democrática. Lo que José Bono, que no se merece representar al pueblo español, estaba diciendo con aquella frase es que los intereses económicos de Guinea, su riqueza petrolífera, era más importante que la denuncia del comportamiento repugnante de aquel dictador.
Y ésta es la razón de que los gobiernos europeos (incluidos sus partidos socialistas gobernantes) estén apoyando a gobiernos dictatoriales como el de Túnez, frente al rechazo de sus poblaciones.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=122691
Washington nunca entendió la revolución de Egipto
Graham Usher
Al-Ahram Weekly
Traducción para Rebelión de Loles Oliván
Barack Obama elogió la revolución egipcia con su elocuencia habitual. “Los egipcios han dejado claro que solo vencerá una verdadera democracia” declaró. “Fue la fuerza moral de la no violencia —no el terrorismo, ni matanzas sin sentido— lo que inclinó, una vez más, el arco de la historia hacia la justicia”.
Habría significado más de haber podido decir que su administración había ayudado a inclinar el arco. Pero, en general, Washington estuvo detrás de la curva de la revuelta: a veces, de hecho, estuvo en el lado equivocado de las barricadas.
Los 18 tumultuosos días de Egipto pillaron a Estados Unidos desconcertado y con la guardia baja. A pesar de una inversión de 35 mil millones de dólares en ayuda militar a Egipto durante más de 32 años, la administración ejerció poca influencia sobre el régimen de Hosni Mubarak y ninguna sobre los millones que le hicieron caer.
Tampoco hubo duda alguna —cualquiera que sean las florituras retóricas— sobre el objetivo principal de Estados Unidos: tras reconocer que el nivel de las protestas significaba que el paso a una era post-Mubarak en Egipto era irreversible, siguió insistiendo, sin embargo, en que la transición debería ser “ordenada”", dirigida por los militares y que garantizase sólidamente el tratado de paz egipcio-israelí, piedra angular de un orden regional estadounidense que las revoluciones en Túnez y Egipto han comenzado a aflojar.
“El núcleo del interés estadounidense en todo esto… es Israel”, afirmaba Daniel Levy, ex negociador de paz israelí. Y, “el problema para Estados Unidos es que siendo el portador de la agenda de Israel puede mantener el equilibrio con los autócratas árabes, pero no con los demócratas árabes; eso no lo puede hacer”.
Es por eso que el alivio de Washington se percibió cuando, el 12 de febrero, los nuevos gobernantes militares de Egipto anunciaron que respetarían todos los tratados internacionales. Es también el motivo por el cual el primer emisario que Obama envió a la región después de la caída de Mubarak no fue a cumplir con los jóvenes revolucionarios de la Plaza de Tahrir, sino más bien con los viejos gobernantes de Jordania e Israel, dos de los aliados regionales sacudidos por el temblor. “Queremos asegurar a nuestros socios... que nuestro compromiso con ellos... sigue siendo fuerte”, dijo un portavoz militar de Estados Unidos.
Unida respecto al objetivo, la administración estaba dividida sobre las tácticas. A Obama, convencido de que la ola de protestas era real e irreprimible, le preocupaba que si no se respaldaban Estados Unidos pudiera ser recordado con amargura por la siguiente generación y por los posibles dirigentes egipcios. Es por ello que exhortó a Mubarak —en público y en privado— a que cualquier transición “debe ser efectiva” y “debe empezar ahora”.
La secretaria de Estado, Hillary Clinton, sin embargo, hizo hincapié en el orden. Impulsada por Israel, Jordania y Arabia Saudí, advirtió que un movimiento demasiado rápido hacia las elecciones pondría el proceso en riesgo de ser “secuestrado por nuevos autócratas”. La referencia era el Irán de 1979, pero también daba crédito al “coco” israelí de que la Hermandad Musulmana se hiciera con el poder a través del voto libre, a la manera de Hamas en las elecciones palestinas de 2006.
El resultado fue una incoherencia política que no satisfizo a nadie. La juventud revolucionaria de Egipto lo acogió con rechazo, el régimen vio perfidia, mientras que los socios regionales de Estados Unidos olieron a traición aterrados por su aparente disposición a deshacerse de un aliado leal durante 30 años.
Washington parece estar tejiendo con igual opacidad la transición post-Mubarak. El 11 de febrero Obama pidió a los militares que levantaran el estado de emergencia en Egipto y revisaran la Constitución para que el cambio fuera “irreversible”. Pero ignoró las exigencias civiles de un consejo presidencial que reemplazase al del ejército y un gobierno de transición que sucediera al gabinete seleccionado por Mubarak. Ello podría llegar a trazar una vía hacia el poder civil. Pero su camino es claramente marcial, con los militares como únicos facultados para marcar el rumbo.
Asimismo, hay rumores sobre una bien engrasada “maquinaria estadounidense promotora de democracia” para dirigir a las “fuerzas laicas de la juventud” egipcia hacia el vacío dejado por el Partido Democrático Nacional y marginar cualquier resurgimiento de la Hermandad. Pero la capción no funcionará. Uno de los ex decanos de Washington, Ayman Nur, declaró a Radio Egipto el 12 de febrero que “el Acuerdo de Camp David [el acuerdo de paz con Israel] se ha acabado… Egipto debe, al menos, renegociar sus términos”.
Estados Unidos no parece haber aprendido ninguna de las lecciones de la revolución de Egipto. Preocupado por buscar figuras “de transición” del régimen o auto designadas que se negaron o no podían hacer la transición, no consiguió ver lo que tenía ante sus ojos: que los jóvenes revolucionarios de Egipto habían trascendido las viejas divisiones ideológicas del liberalismo, el laicismo y el islamismo y en su lugar, la liberadora Plaza de Tahrir se había convertido en el faro de un movimiento nacional y popular que sacudió al régimen hasta su núcleo.
No fue la presión de Estados Unidos lo que obligó a los militares a despojar a Mubarak de sus poderes. Fueron abogados, médicos, trabajadores textiles que tomaron la calle en una avalancha de huelgas, manifestaciones y desobediencia civil no violenta. Las elites militares eran leales a Mubarak, decía un diplomático occidental en El Cairo el 11 de febrero, pero “se hizo cada vez más evidente que no caerían con él”.
En segundo lugar, cualquier “democracia verdadera” en el país significará la independencia del extranjero. No está claro cuál será el destino del tratado de paz de Egipto con Israel. Probablemente descansará en el poder de lo que siga siendo un ejército no reformado en el próximo gobierno egipcio.
Pero una cosa está clara; a ningún ejército ni remotamente responsable ante un gobierno civil egipcio electo se le permitirá nunca más colaborar en el asedio a Gaza, en la entrega a interrogadores y torturadores de las cárceles de Egipto de “sospechosos” señalados por la CIA, o en una farsa de “proceso de paz americana” que ofrece seguridad a Israel mientras coloniza lo que queda de Palestina. En cualquier Egipto libre el alcance de la paz se medirá por el alcance de la retirada de Israel de los territorios ocupados y por el grado de independencia palestina en su territorio.
Tal vez Estados Unidos transmita ese mensaje a sus aliados. Pero pocos en Egipto contendrán su respiración. Y quienes ayudaron a ventilar una chispa en un incendio en la pradera es probable que se encojan de hombros. “Si Estados Unidos apoya la revolución, es bueno para Estados Unidos”, dijo Islam Lotfy en The New York Times el día 13 de la revolución. “Si no lo hacen, se trata de un asunto egipcio”.
Fuente: http://weekly.ahram.org.eg/2011/1035/eg0204.htm
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=122737
jueves, 17 de febrero de 2011
martes, 8 de febrero de 2011
Egypte : une armée formée et équipée par le Pentagone
La mise en image de la situation actuelle en Egypte par les médias atlantistes assimile l’insurrection populaire à une guerre civile et érige l’armée en arbitre. C’est évidemment faux. Le régime du président Hosni Moubarak et son armée sont les produits de la politique des Etats-Unis dans la région et de leur soutien inconditionnel à Israël.
L’image des chars d’assaut qui surveillent les centres névralgiques du Caire, entourés par la marée de manifestants, est emblématique. Ce sont des M1A1 Abrams, les terribles tanks états-uniens de dernière génération, qui sont fabriqués en Egypte sur la base d’un accord de coproduction. Ils symbolisent à quel point les Etats-Unis se sont engagés dans la construction des forces armées égyptiennes et l’ampleur de la confiance qu’ils ont accordée au régime de Moubarak. En trente ans, Washington lui a fourni des aides militaires pour une valeur d’environ 60 milliards de dollars, selon les chiffres officiels, à quoi se sont ajoutés d’autres financements secrets.
Actuellement le régime de Moubarak reçoit des USA environ 2 milliards de dollars annuels, se plaçant ainsi parmi les principaux bénéficiaires après Israël. La majeure partie de cette somme est dépensée dans l’achat d’armes états-uniennes. Comme leur valeur dépasse la disponibilité financière du gouvernement égyptien, celui-ci a accumulé une dette envers les Etats-Unis. Mais Washington a été généreux : en 1990, pour récompenser l’Egypte de sa participation à l’imminente guerre contre l’Irak, il lui a accordé une remise de dette militaire de 7 milliards de dollars. Dix ans après, il lui a concédé un crédit extraordinaire de 3,2 milliards de dollars pour la modernisation des forces armées : celles-ci ont ainsi pu acquérir 24 chasseurs-bombardiers F-16 de dernière génération, 3 batteries de missiles Patriot et d’autres systèmes d’armes avancés. Le Pentagone a en outre fourni aux forces armées égyptiennes des armes qu’il a en excédent, ou qui sont remplacées par d’autres de nouvelle génération, pour une valeur annuelle de centaines de millions de dollars. En même temps il a entraîné des officiers et des soldats égyptiens, surtout des forces spéciales, en organisant tous les deux ans l’opération Bright Star, une grande manœuvre qui se déroule en Egypte avec la participation d’environ 25 000 militaires états-uniens.
De façon significative, dans les commandements établis par le Pentagone à l’échelle mondiale, l’Egypte de Moubarak n’entre pas dans le Commandement Afrique (AfriCom), mais a été détaché du continent pour être annexé au Commandement Central (CentCom), dont l’aire de responsabilité couvre le Proche-Orient pétrolier. L’Egypte, explique le CentCom, « joue un rôle clé dans l’exercice d’une influence stabilisatrice au Proche-Orient », en particulier pour « faire face à l’instabilité croissante de Gaza ». Le CentCom continue donc à opérer en contact étroit avec les forces égyptiennes pour « bloquer les envois illicites d’armes aux extrémistes à Gaza, et pour empêcher que l’instabilité de Gaza ne se propage en Egypte et au-delà ». Le gouvernement égyptien, de fait, doit « faire face à une menace extrémiste interne ». L’aide extérieure états-unienne est donc « fondamentale pour renforcer le gouvernement égyptien ».
Dans ce tableau, le thème de la dernière manœuvre Bright Star est significatif : « Des opérations militaires en terrain urbain ». Dans la manœuvre, conduite en octobre 2009 sous la direction du Pentagone et avec la participation de forces spéciales états-uniennes, des forces égyptiennes ont été entraînées à combattre une guerre non pas dans le désert mais à l’intérieur d’une grande métropole. La Bright Star s’est déroulée dans la Moubarak Military City, le camp militaire construit exprès pour cette manœuvre, à quoi on a donné évidemment le nom du dictateur.
Tout est prévu, donc, pour affronter la « menace extrémiste intérieure ». Sauf le fait que celle-ci a pris les dimensions d’une insurrection populaire. Sauf le fait qu’on ne sait pas comment vont se comporter ces militaires, en grande partie conscrits, qui à bord des chars d’assaut états-uniens made in Egypt, devraient assurer que l’Egypte, une fois Moubarak déchu, reste dans la sphère d’influence états-unienne.
http://www.voltairenet.org/article168360.html
Manlio Dinucci
Géographe et géopolitologue. Derniers ouvrages publiés : Geograficamente. Per la Scuola media (3 vol.), Zanichelli (2008) ; Escalation. Anatomia della guerra infinita, DeriveApprodi (2005).
domingo, 6 de febrero de 2011
En Tunisie aussi on a fêté le bouc ! Et, en K-do, un i-coup d’Etat !
Deux décennies infâmes plus tard, le 14 janvier 2011, le Général est chassé en douce du pays qu’il a tenu d’une main cupide, d’une main de fer et de plomb, avec la complicité active et passive d’une partie de la population tunisienne et une très large partie de l’élite économique et culturelle du pays. Mais aussi avec le soutien de nombreux pays « frères et amis ».
Les hivers sont chauds en Tunisie ! Le 26 janvier 1978, la répression de la grève générale par la police et l’armée tunisiennes avait coûté la vie à des centaines de Tunisiens – plus de 500 morts selon la police, et plus de mille selon l’opposition. Bourguiba n’est pas chassé du pouvoir ! Le 29 décembre 1983, la suppression des subventions aux produits de première nécessité conduisit au déclenchement des «émeutes du pain ». Encore des centaines de morts sous les coups conjugués de l’armée et de la police. Bourguiba, « trompé », aussi, avait, aussi « compris » les besoins de cette « poussière de peuple » ! Il annula l’augmentation des prix de la misère. Il fut acclamé en héros ! Le 13 décembre 2011,
un jeune Tunisien, Bouazizi, un jeune atomisé, comme des centaines de milliers d’autres, en détresse solitaire dans un pays de tradition tribale encore vivace dans certaines régions, retourne la violence du pouvoir contre sa propre vie.
Cette fois-ci, les jeunes Tunisiens, spontanément, réagissent, comme un seul homme ! Fayçal Baraket, en 1992, n’avait pas eu droit à tant d’honneur et d’empathie ! Ces jeunes vont manifester avec une détermination toute électronique leur solidarité, leur ras-le-bol et leur haine du pouvoir, incarné par le Général-et-safamille.
Encore des morts ! Mais « seulement » 78 morts ! Sous les seules balles de la police du Général ! L’armée, cette fois-ci, a refusé de tirer !
C’est une armée qui protège désormais le peuple ! C’est une armée républicaine ! Le Général, seul, est chassé avec une célérité virtuelle du pouvoir ! Le système, c’est le Général-et-sa-famille ! Et le RCD, alors !
Les hivers sont chauds en Tunisie ! Pourtant, nos hibernations sociales sont courageusement longues ! Notre poète Abou El Kacem Chabbi, lui, nous a parfaitement compris et décrits …
Quoi de plus ordinaire ! Un dictateur adepte de l’informatique a été défait par une étrange mobilisation collective électronique !
Etrange, car cette mobilisation a semblé avoir été remontée comme une horloge mécanique. Wikileaks divulgue la teneur de télégrammes diplomatiques, triés sur le volet semble-t-il – bizarrement, aucun télégramme « fuité »
ne disserte sur les opposants embedded concernant la situation politique en Tunisie. Leur contenu indique clairement que les USA ne soutiennent plus leur Salaud tunisien et qu’aucun membre du clan « quasi-mafieux » ne leur semblait crédible pour assurer la survie du régime.
L’événement de l’immolation réelle surgit opportunément. Cela aurait pu être une immolation virtuelle, une immolation fabriquée, une falsification de résultats d’un concours de recrutement, un Timisoara tunisien etc. Les conséquences auraient été les mêmes que par le passé tant une partie de la jeunesse tunisienne était dans le désarroi, la frustration et le désespoir : une révolte, un soubresaut populaire plus ou moins maté et récupéré.
Mais cette fois-ci, on a assisté à une mobilisation de trois semaines, organisée sans faille sur le réseau Facebook. Toutes les informations, toutes les rumeurs, toutes les opinions canalisaient la colère des jeunes vers un même objectif : occuper la rue et exiger le départ du Général-et-sa-famille ! Très peu y ont vu un mouvement aux conséquences majeures. Sauf le Département d’Etat américain ! Les responsables du secteur Tunisie au sein de ce même Département convoquent, dès la première semaine de mobilisation légitime l’ambassadeur de Tunisie et lui transmettent une seule exigence : ne pas censurer le réseau social américain ! Heureusement, cette mobilisation de la jeunesse sera rapidement encadrée par les sections régionales de la centrale syndicale et échappera à la manipulation. Le 14 janvier 2011, à la nuit tombée, à 18 heures 35 minutes, le Général quitte le pays de manière plus élégante que Manuel Noriega mais moins glamour que le Shah d’Iran ! Réaction immédiate de M. Obama, qui salue « le courage et la dignité du peuple tunisien » pour s’être débarrassé du tyran et de son régime ! Mission
accomplie, semble-t-il, pour ce Seigneur de l’instrumentalité ! Fichtre ! Un président américain qui sait que notre petite Tunisie existe ! Que ce pays est habité par un peuple et non par des « rues » !
Notre « bravitude » a transpercé les montagnes et traversé mers et océans !
Sous les Bush, la Tunisie, comme ses sœurs arabes, était peuplée de « rues » qui gigotent de temps à autre ! Le mot d’ordre était de terroriser ces rues et de les tétaniser par la puissance de feu américaine. Sous les Bush, on prenait langue avec la « rue arabe » par des opérations de type « Tempête du désert » ou « Stupeur et effroi » ! M. Obama semble privilégier les opérations « flatter et séduire » ! Il nous rend visite modestement. Il nous susurre des mots en arabe. Bientôt, il va nous réciter des versets … sataniques pour nous dire dans quel Islam nous devons nous draper !
Dès la fuite du Général et l’intervention de M. Obama, une partie des Tunisiens a considéré que « la Révolution du jasmin » était achevée ! Le réseau Facebook a relayé cette position. Les informations, les opinions, les mots d’ordre qui y circulent depuis, ont déstabilisé la cohésion et l’assurance de la mobilisation, disloqué les opinions et commencé à semer le doute sur la suite à donner au mouvement populaire. Les troubles, l’insécurité, les actions des simili escadrons de la mort et le ralliement prémédité des opposants embedded sont en train de redonner confiance aux rhinocéros, véritables piliers du régime du RCD-milice-police en place depuis plus de 50 ans. Ce régime a construit en particulier depuis 1987, un système totalitaire modèle.
La constitution d’un gouvernement d’ « unité nationale » indique clairement que le jasmin est génétiquement modifié. Il vire vers une drôle de couleur orange et exhale une étrange odeur de rose fanée. En Ukraine et en Géorgie, les politiques de « sortie » du totalitarisme ont été assujetties à des intérêts étrangers et conduites, de ce fait, par des hommes qui ont ignoré les attentes légitimes de leurs peuples. Résultat : la gabegie, l’instabilité intérieure et l’aventurisme extérieur.
La République dominicaine paiera cher sa transition constitutionnelle assurée par un fantoche du tyran macabre Trujillo. Balager, décrit comme un homme austère et effacé, reprit le flambeau et régna sur les Dominicains durant quinze ans.
La Tunisie a fêté le bouc mais elle n’a pas encore fêté sa liberté et encore moins son émancipation ! Sa révolution a été prise de vitesse par un i-coup d’Etat et une révolution de palais. Si ce mouvement populaire échoue, la Tunisie risque d’habiter pour longtemps le passé de l’Amérique latine.
Rien n’est encore perdu, rien n’est encore gagné. Aujourd’hui, une partie du peuple tunisien occupe pacifiquement l’espace public et exige un changement radical. Pour enrayer toute tentative de retour en arrière.
Demain, il n’en sera peut-être pas de même. Nous devons absolument profiter de cette fenêtre de résistance pour parachever la réappropriation de notre destin. Ne nous laissons pas berner par les discours fallacieusement flatteurs ;
nous ne sommes ni les plus braves, ni les plus courageux des peuples. Nous le savons, nous avons tendance à tergiverser, à composer. Ne ratons pas ce moment historique.
Nous devons renouer avec notre mémoire sociale et éthique, réactualiser le destin brisé de Farhat Hached. L’attitude des syndicalistes de base redonne à tous de l’espoir. C’est grâce à notre Centrale syndicale que le mouvement s’est d’abord émancipé de la manipulation et a retrouvé sa vigueur et sa détermination.
L’UGTT doit retrouver la place qu’elle n’aurait jamais dû perdre.
L’assassinat de Ferhat Hached le 5 décembre 1952 avait fragilisé le mouvement syndical tunisien et ouvert la voie à l’hégémonie du Destour. Cette hégémonie explique en grande partie la situation d’aujourd’hui. La Tunisie avait perdu ainsi un contre-pouvoir et la perspective d’un développement politique et économique équilibré. Qui a tué Hached ? Qui sont les Tunisiens qui ont participé à son élimination ? Nous ne le savons pas jusqu’à ce jour. La France, en cette période cruciale pour la Tunisie, s’honorerait et regagnerait de sa crédibilité auprès des Tunisiens et pas seulement, en levant le secret défense sur cette affaire d’assassinat.
La vérité aidera les Tunisiens à comprendre leur passé pour mieux construire leur avenir. La vérité aidera l’UGTT à retrouver son autonomie et son statut de contre-pouvoir et de contreproposition.
Aujourd’hui, sous la houlette des syndicalistes de base de l’UGTT et de l’opposition, l’opposition authentique, le mouvement vers la liberté reprend de l’ampleur. L’enjeu étant d’arracher tout espoir à tous ceux qui ont avili le peuple tunisien pendant plus de cinquante ans, tout espoir de statu quo ou de possibilité de repartir comme en 1987. L’agenda immédiat est la déconstruction du partiétat RCD.
Aujourd’hui, la situation risque de dégénérer. Il n’y a rien à espérer de cette nouvelle « transition constitutionnelle », rien à attendre de ce gouvernement « d’unité nationale ».
L’armée nationale tunisienne a refusé de tirer sur la population. Elle l’a décidé en toute liberté et en toute conscience parce qu’elle est patriotique et républicaine. Elle a pris cette fois-ci le parti du peuple. C’est ce qu’elle prétend. Qu’elle le prouve. Qu’elle parachève ce qu’elle a entrepris.
L’armée, patriotique et républicaine, libre dans ses choix et décisions, peut superviser le processus de sortie du totalitarisme.
Elle peut transformer l’étrange i-coup d’Etat en coup d’Etat clair et franc qui ouvrira la voie à une véritable alternative démocratique. L’armée pourra s’appuyer sur de grands commis de l’Etat qui ont su préserver leur intégrité, pour la gestion des affaires courantes et la reprise d’une activité économique et sociale normale. Elle se chargera de la sécurité des citoyens et de leurs biens.
Sera-t-elle en mesure de mettre les bases pour un espace public démocratique ? Elle pourra confier cette mission à un comité de la Constituante. Ce comité pourrait être chapeauté par Ahmed Mestiri et Ahmed Ben Salah, deux personnalités politiques historiques, sociologiquement et politiquement complémentaires. Ils se sont opposés à Bourguiba, certes pas toujours quand il le fallait et comme il le fallait. Ils se sont opposés dès le départ au Général Ben Ali. Agés, ils sont fragiles physiquement mais restent vigoureux intellectuellement et moralement. Ahmed Mestiri et Ahmed Ben Salah disposent de cette légitimité. Ce comité devra préparer les conditions juridiques et institutionnelles pour une refondation de la Constitution et l’établissement des institutions d’un nouveau régime. Cette préparation devra se dérouler en concertation avec les candidats légitimes aux futures élections présidentielles, tels que Moncef Marzouki, Sihem Ben Sedrine, Hamma Hammami, ou encore Mokhtar Yahyaoui. Ils seront les principaux visages de la Tunisie nouvelle.
http://nawaat.org/
martes, 1 de febrero de 2011
L’Egypte au bord du sang
par Thierry Meyssan*
Les grands médias se passionnent pour les manifestations en Egypte et prédisent l’avènement de la démocratie à l’occidentale dans tout le Proche-Orient. Thierry Meyssan s’inscrit en faux contre cette interprétation. Selon lui, des forces contradictoires sont en mouvement et leur résultante est dirigée contre l’ordre états-unien dans la région.
Depuis une semaine les médias occidentaux se font l’écho des manifestations et de la répression qui agitent les grandes villes égyptiennes. Ils établissent un parallèle avec celles qui ont conduit au renversement de Zine el-Abidine Ben Ali en Tunisie et évoquent un vent de révolte dans le monde arabe. Toujours selon eux, ce mouvement pourrait s’étendre à la Libye et à la Syrie. Il devrait profiter aux démocrates laïques et non pas aux islamistes, poursuivent-ils, car l’influence des religieux a été surestimée par l’administration Bush et le « régime des mollah » en Iran est un repoussoir. Ainsi s’accomplira le voeux de Barack Obama à l’université du Caire : la démocratie règnera sur le Proche-Orient.
Cette analyse est fausse en tous points.
D’abord les manifestations ont commencé en Egypte depuis plusieurs mois. Les médias occidentaux n’y faisaient pas attention parce qu’ils pensaient qu’elles ne déboucheraient sur rien. Les Egyptiens n’ont pas été contaminés par les Tunisiens, mais ce sont les Tunisiens qui ont ouvert les yeux des Ocidentaux sur ce qui passe dans cette région.
Deuxièmement, les Tunisiens se sont révoltés contre un gouvernement et une administration corrompus qui ont mis progressivement toute la société en coupe réglée privant de tout espoir des classes sociales toujours plus nombreuses. La révolte égyptienne n’est pas dirigée contre ce mode d’exploitation, mais contre un gouvernement et une administration qui sont tellement occupés à servir des intérêts étrangers qu’ils n’ont plus l’énergie pour répondre aux besoins basiques de leur population. Au cours des dernières années l’Egypte a connu de nombreuses émeutes, soit contre la collaboration avec le sionisme, soit provoquées par la faim. Ces deux sujets sont intimement liés. Les manifestants évoquent pêle-mêle les accords de Camp David, le blocus de Gaza, les droits de l’Egypte dans les eaux du Nil, la partition du Soudan, la crise du logement, le chômage, l’injustice et la pauvreté.
En outre, la Tunisie était administrée par un régime policier, tandis que l’Egypte l’est par un régime militaire. Je dis ici « administré » —et non pas « gouverné »— car dans les deux cas, il s’agit d’Etats sous tutelle post-coloniale, privés de politique étrangère et de défense indépendante.
Il s’ensuit qu’en Tunisie, l’armée a pu s’interposer entre le Peuple et la police du dictateur, alors qu’en Egypte, le problème se réglera au fusil automatique entre militaires.
Troisièmement, si ce qui se passe en Tunisie et en Egypte est un encouragement pour tous les peuples opprimés, ces derniers ne sont pas ceux que les médias occidentaux imaginent. Pour les journalistes, les méchants ce sont les gouvernements qui contestent —ou font semblant de contester— la politique occidentale. Tandis que pour les peuples, les tyrans sont ceux qui à la fois les exploitent et les humilient. C’est pourquoi, je ne pense pas que nous allons assister aux mêmes révoltes à Damas. Le gouvernement de Bachar el-Assad est la fierté des Syriens : il s’est rangé du côté de la Résistance et a su préserver ses intérêts nationaux sans jamais céder aux pressions. Surtout, il a su protéger le pays du sort que lui réservait Washington : soit le chaos à l’irakienne, soit soit le despotisme religieux à la saoudienne. Certes, il est très contesté dans plusieurs aspects de sa gestion, mais il développe une bourgeoisie et les processus de décision démocratique qui vont avec. Par contre des Etats comme la Jordanie et le Yémen sont instables pour ce qui est du monde arabe, et la contagion peut aussi atteindre l’Afrique noire, le Sénégal par exemple.
Quatrièmement, les médias occidentaux découvrent tardivement que le danger islamiste est un épouvantail à moineaux. Encore faut-il admettre qu’il a été activé par les Etats-Unis de Clinton et la France de Mitterrand dans les années 90 en Algérie, puis a été gonflé par l’administration Bush consécutivement aux attentats du 11-Septembre, et alimenté par les gouvernements néo-conservateurs européens de Blair, Merkel et Sarkozy.
Il faut aussi admettre qu’il n’y a rien de commun entre le wahhabisme à la saoudienne et la Révolution islamique de Rouhollah Khomeiny. Les qualifier tous deux d’« islamistes », ce n’est pas simplement absurde, c’est s’interdire de comprendre ce qui passe.
Les Seoud ont financé, en accord avec les Etats-Unis, des groupes musulmans sectaires prônant un retour à l’image qu’ils se font de la société du VIIe siècle, au temps du prophète Mahomet. Ils n’ont pas plus d’impact dans le monde arabe que les Amish aux Etats-Unis, avec leurs carrioles à cheval.
La Révolution de Khomeiny ne vise pas à instaurer une société religieuse parfaite, mais à renverser le système de domination mondiale. Elle affirme que l’action politique est un moyen pour l’homme de se sacrifier et de se transcender, et par conséquent que l’on peut trouver dans l’islam l’énergie nécessaire au changement.
Les peuples du Proche-Orient ne veulent pas remplacer les dictatures policières ou militaires qui les écrasent par des dictatures religieuses. Il n’y a pas de danger islamiste. Simultanément, l’idéal révolutionnaire islamique qui a déjà produit le Hezbollah dans la communauté chiite libanaise, influence désormais le Hamas dans la communauté sunnite palestinienne. Il peut tout à fait jouer un rôle dans les mouvements en cours, et il en joue déjà un en Egypte.
Cinquièmement, n’en déplaise à certains observateurs, même si nous assistons à un retour de la question sociale, ce mouvement ne peut être réduit à une simple lutte des classes. Bien sûr, les classes dominantes craignent les révolutions populaires, mais les choses sont plus compliquées. Ainsi, sans surprise, le roi Abdallah d’Arabie saoudite a téléphoné au président Obama pour lui demander de stopper ce désordre en Egypte et de protéger les gouvernements en place dans la région, le sien en priorité. Mais ce même roi Abdallah vient de favoriser un changement de régime au Liban par la voie démocratique. Il a abandonné le milliardaire libano-saoudien Saad Hariri et a aidé la coalition du 8-Mars, Hezbollah compris, à lui substituer comme Premier ministre un autre milliardaire libano-saoudien Najib Mikati. Hariri avait été élu par des députés représentant 45 % de l’électorat, tandis que Mikati vient d’être élu par des parlementaires représentant 70 % de l’électorat. Hariri était inféodé à Paris et Washington, Mikati annonce une politique de soutien à la Résistance nationale. La question de la lutte contre le projet sioniste est actuellement surdéterminante par rapport aux intérêts de classe. En outre, plus que la répartition des richesses, les manifestants mettent en cause le système capitaliste pseudo-libéral imposé par les sionistes.
Sixièmement, si nous revenons au cas égyptien, les médias occidentaux se sont rués autour de Mohamed ElBaradei qu’ils ont désigné comme leader de l’opposition. C’est risible. M. ElBaradei est une personnalité agréablement connue en Europe, car il a résisté quelque temps à l’administration Bush, sans s’y opposer complètement. Il incarne donc la bonne conscience européenne face à l’Irak, qui était opposé à la guerre et a fini par soutenir l’occupation. Cependant, objectivement, M. ElBaradei c’est l’eau tiède qui a reçu le Prix Nobel de la Paix pour que Hans Blix ne l’ait pas. C’est surtout une personnalité sans aucun écho dans son propre pays. Il n’existe politiquement que parce que les Frères musulmans en ont fait leur porte-parole dans les médias occidentaux.
Les Etats-Unis ont fabriqué des opposants plus représentatifs, comme Ayman Nour, que l’on ne tardera pas à sortir du chapeau, même si ses positions en faveur du pseudo-libéralisme économique le disqualifient au regard de la crise sociale que traverse le pays.
Quoiqu’il en soit, dans la réalité, il n’existe que deux organisations de masse, implantées dans la population, qui s’opposent de longue date à la politique actuelle : les Frères musulmans d’une part et l’Eglise chrétienne copte d’autre part (même si S. B. Chenoudda III distingue la politique sioniste de Moubarak qu’il combat, du rais avec lequel il compose). Ce point a échappé aux médias occidentaux parce qu’ils ont fait récemment croire au public que les Coptes étaient persécutés par les musulmans quant ils l’étaient par la dictature de Moubarak.
Une parenthèse est ici utile : Hosni Moubarak vient de nommer Omar Souleiman comme vice-président. C’est un geste clair qui vise à rendre plus difficile son éventuelle élimination physique par les Etats-Unis. Moubarak est devenu président parce qu’il avait été désigné vice-président et que les Etats-Unis ont fait assassiner le président Anouar el-Sadate par le groupe d’Ayman al-Zawahri. Il a donc toujours refusé jusqu’à présent de prendre un vice-président par crainte de se faire assassiner à son tour. En désignant le général Souleiman, il choisit un de ses complices avec qui il a trempé les mains dans le sang de Sadate. Désormais, pour prendre le pouvoir, il ne faudra pas seulement tuer le président, il faudra aussi exécuter son vice-président. Or, Omar Souleiman est le principal artisan de la collaboration avec Israël, Washington et Londres vont donc le protéger comme la prunelle de leurs yeux.
De plus, Souleiman peut s’appuyer sur Tsahal contre la Maison-Blanche. Il a d’ores et déjà fait venir des tireurs d’élite et du matériel israéliens qui sont prêts à tuer les meneurs dans la foule.
- Le général-président Hosni Moubarak et son général-vice-président Omar Souleiman sont apparus à la télévision avec leurs généraux-conseillers pour signifier que l’armée a et gardera le pouvoir.
Septièmement, la situation actuelle dévoile les contradictions de l’administration US. Barack Obama a tendu la main aux musulmans et appelé à la démocratie lors de son discours à l’université du Caire. Toutefois aujourd’hui, il mettra tout en oeuvre pour empêcher des élections démocratiques en Egypte. S’il peut s’accommoder d’un gouvernement légitime en Tunisie, il ne le peut pas en Egypte. Des élections profiteraient aux Frères musulmans et aux Coptes. Elles désigneraient un gouvernement qui ouvrirait la frontière de Gaza et libérerait le million de personnes qui y sont enfermées. Les Palestiniens, soutenus par leurs voisins, le Liban, la Syrie et l’Egypte, renverseraient alors le joug sioniste.
Ici, il faut signaler qu’au cours des deux dernières années, des stratèges israéliens ont envisagé un coup tordu. Considérant que l’Egypte est une bombe sociale, que la révolution y est inévitable et imminente, ils ont envisagé de favoriser un coup d’Etat militaire au profit d’un officier ambitieux et incompétent. Ce dernier aurait alors lancé une guerre contre Israël et échoué. Tel-Aviv aurait ainsi pu retrouver son prestige militaire et récupérer le mont Sinaï et ses richesses naturelles. On sait que Washington est résolument opposé à ce scénario, trop difficile à maîtriser.
En définitive, l’Empire anglo-saxon reste arrimé aux principes qu’il a fixé en 1945 : il est favorable aux démocraties qui font « le bon choix » (celui de la servilité), il est est opposé aux peuples qui font « le mauvais » (celui de l’indépendance).
Par conséquent, s’ils le jugent nécessaire, Washington et Londres soutiendront sans état d’âme un bain de sang en Egypte, pourvu que le militaire qui l’emporte sur les autres s’engage à pérenniser le statu quo international.
Thierry Meyssan
Analyste politique français, président-fondateur duRéseau Voltaire et de la conférence Axis for Peace. Il publie chaque semaine des chroniques de politique étrangère dans la presse arabe et russe. Dernier ouvrage publié : L’Effroyable imposture 2, éd. JP Bertand
domingo, 30 de enero de 2011
Egipto: El Baradei señaló que Washington por un lado habla de democracia y por el otro respalda a un 'dictador'
El opositor señaló que Washington por un lado habla de democracia y por el otro respalda a un 'dictador'.
AFP
Publicado: 30/01/2011 08:35
Washington. Egipto está "en el inicio de una nueva era", afirmó este domingo por la noche el opositor Mohamed El Baradei dirigiéndose a los miles de manifestantes reunidos en el centro de El Cairo para reclamar la dimisión del presidente Hosni Mubarak, comprobaron periodistas.
El premio Nobel de la Paz 2005 llegó poco antes, pese al toque de queda, a la céntrica plaza Tahrir, donde estaban congregados miles de manifestantes que gritaban "El pueblo quiere la caída del presidente" y "Sacrificaremos nuestra alma y nuestra sangre por la patria".
"Os pido que tengáis paciencia, el cambio llega", pidió el ex director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) a los manifestantes, que coreaban: "Vamos por el buen camino (...), nuestra fuerza es nuestro número".
Horas antes, El Baradei declaró a la cadena televisiva estadunidense CBS que Estados Unidos pierde su "credibilidad" al exhortar a una democratización en Egipto y a la vez continuar dando apoyo al presidente Hosni Mubarak".
"El gobierno estadunidense no puede pedir al pueblo egipcio que crea que un dictador que está en el poder desde hace 30 años será quien instaurará la democracia", estimó el opositor, interrogado desde El Cairo por el programa Face the Nation.
"Ustedes están perdiendo credibilidad día a día", advirtió El Baradei al referirse al gobierno de Estados Unidos.
"Por un lado, ustedes hablan de democracia, de estado de derecho, de derechos humanos, y por el otro, ustedes aportan hoy su apoyo a un dictador que continúa oprimiendo a su pueblo", afirmó, reiterando que Mubarak debe dejar el poder.
Estados Unidos debe ponerse claramente del lado de los manifestantes, añadió.
El ex jefe de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) recibió el encargo de "negociar" con el régimen del presidente Mubarak por parte de la Coalición Nacional por el Cambio, que agrupa a varias formaciones de oposición, entre las cuales figuran los Hermanos Musulmanes.
La jefa de la diplomacia estadunidense Hillary Clinton estimó por su lado este domingo que Hosni Mubarak no había hecho aún lo suficiente por la democratización de su país, y se pronunció por "una transición ordenada" en Egipto
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